Conocer a Diego Maradona en persona es una experiencia de los más gratificante, sobretodo si uno lo quiere a Maradona. Sin lugar a dudas era uno de mis sueños. Y por suerte lo cumplí. Eso sí, no supe muy bien qué hacer, me sobrepasó la situación. Fue demasiado ese momento. Lo tenía muy servido, grabándolo con mi cámara y él no me decía nada. Y a mi me temblaban las piernas y el alma. Cuando lo vi, a cámara apagada, le di un fuerte abrazo y un beso. Uno de los miles besos que le dieron aquella noche. Es notable la paciencia de Diego.
Todo fue muy rápido, si les digo que todo pasó en 10 segundos, créanme, pero fueron 10 segundos donde olvidé el periodismo, olvidé el amor que siento por él, olvidé todo, y sólo le dije algunas palabras, algo así como que después le daba algo que le había llevado. Estaba muy nervioso. No podía creer estar a su lado. Es muy agradable, insisto, tiene mucha paciencia y es educado.
Diego tiene una luz propia, es un hombre distitnto, un ídolo vivo que camina nuestras calles, cuando entró al cuarto donde estábamos, captó la atención de todas las miradas.
Más tarde,
cuando salió a la canchita de la calle Maza, sentí como las personas no podían creer verlo. Y verlo tan bien además fue una alegría muy grande para todos. Era como una nueva vuelta al fútbol. Y yo estaba ahí, detrás suyo, sin poder dejar de mirarl y grabarlo. Atontado, ante un ídolo de tantos años, de tantas batallas, tantas lágrimas, dentro y fuera de la cancha. Un ser humano con el don y la carga de ser el más conocido del mundo. Un ser querible...
... un ser especial. DIEGO